La dispersión cultural en la ciencia


Hugo Aréchiga Urtuzuástegui Hugo Aréchiga U. División de Estudios de Posgrado e Investigación, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autonóma de México.

 Las dos culturas de Charles Snow

       El  año pasado se cumplieron cuarenta desde la célebre conferencia Rede, dictada por Charles Percy Snow (1905-1980) en la Universidad de Cambridge, sobre "Las dos culturas de la ciencia y la revolución científica", y que desde su publicaciónSnow, C.P. The Two Cultures. Cambridge University Press, 1959.ha desatado discusiones y polémicas que llegan hasta nuestros díasSnow, C.P. The Two Cultures, with Introduction by Stefan Collini.Cambridge University Press, 1996.con igual vehemencia entre adeptosEdgerton, D. (citado). Nature 389:221, 1997. y detractores MacIlwain, C. Campuses ring to a stormy clash over truth and reason. Nature 387:331-333, 1997.. El tema central fue la identificación de dos grupos de intelectuales con actitudes, aspiraciones y estrategias diferentes y aun polarmente opuestas, los "científicos naturales" y los "intelectuales literarios" que, además, "daban por llamarse a sí mismos intelectuales, como si no hubiera otros". Snow, quien se autodefinía como "científico por adiestramiento y escritor por vocación", describió la situación de esta manera: "sentí que me movía entre dos grupos comparables en inteligencia, de raza idéntica y no muy diferentes en origen social e ingresos económicos, que habían casi cesado de comunicarse y cuyo clima intelectual, moral y psicológico tenía poco en común...". Entre ambos grupos, existía ya un foso de mutua incomprensión y en ocasiones aun repulsión, que según el autor, se constituía en una poderosa limitación para aprovechar los frutos de la ciencia y la tecnología en beneficio de la sociedad. La separación entre ambos contingentes era tan marcada que parecían pertenecer a dos culturas distintas e incomunicadas entre sí.

         Snow empleó el término "cultura" en dos sentidos: a) ilustración, en la connotación que suelen darle los "intelectuales literarios", y para justificarlo en el caso de los científicos, se apoyó en el vasto cuerpo de literatura ya existente sobre los valores intelectuales, estéticos y morales de la ciencia y  b) desde el punto de vista antropológico, denotando un grupo de personas que vive en un mismo ambiente, compartiendo hábitos y suposiciones comunes, y un modo de vida colectivo. Para caracterizar ambas actividades como culturas diferentes, consideró, además del espacio conceptual, rasgos como la religiosidad, la orientación política y el origen social; desde luego, algunas de estas diferencias han resultado poco convincentes. Una muy importante a su juicio, era que los científicos parecían "tener el futuro en sus huesos", mientras que los humanistas veían más al pasado; sin embargo, reconoció la importancia social del grupo de humanistas, hasta afirmar que "es la cultura tradicional, en cierta forma muy poco disminuida por la emergencia de la ciencia, la que maneja al mundo occidental".

         A juicio de Snow, la comunicación entre ambas culturas sería indispensable para la realización cabal de la "Revolución Científica", que se perfilaba ya entonces como la culminación del proceso iniciado desde la Revolución Industrial del siglo XVIII, y que Snow caracterizó como la transformación resultante de la aplicación de la ciencia a la industria, particularmente en áreas de alta tecnología, como la energía atómica, la electrónica y la automatización, que "están generando un nuevo plasma social". Aunque no llegó a proponer medidas concretas para segar el foso existente entre ambas culturas, la mera descripción de su existencia ha sido un valioso estímulo para la búsqueda de nuevas formas de relación entre la ciencia y la sociedad.

         Cabe admitir, empero, que la situación no ha mejorado mucho. Si bien por una parte se han tendido puentes como el espacio creciente de la literatura científica, la divulgación científica, la ciencia-ficción o la música electrónica, a que algunos científicos se han aventurado en los terrenos del arte y de la filosofía, y que los adelantos científicos y tecnológicos están creando nuevas áreas de estudios en las humanidades, como la bioética y la filosofía de la ciencia, los humanistas siguen tan ignorantes de la segunda ley de la termodinámica como hace cuatro décadas y tampoco han adquirido los principios básicos de la biología molecular. Por desgracia, continúa vigente la denuncia de Snow sobre "cuán poco de la ciencia del siglo XX ha sido asimilado en el arte del siglo XX". Los científicos, por su parte, suelen ignorar los desarrollos contemporáneos en la literatura o en la pintura y aún llegan a tener dificultades para dominar sus propios idiomas, encerrados en limitadas jerigonzas técnicas.

         Ambos grupos se desempeñan en espacios separados; difícilmente ingresa un filósofo a una academia de ciencias o un científico a una de artes o de letras, pese a que la mayoría de los nuevos vocablos en todos los idiomas provienen de la ciencia y de la técnica. Los programas de apoyo a ambas actividades son mantenidos cuidadosamente aparte; en México, por ejemplo, mientras el fomento de la ciencia es responsabilidad del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el de las humanidades le corresponde al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y escasamente se dan programas comunes entre ambas instituciones. Los científicos ingresan al Sistema Nacional de Investigadores y los artistas al Sistema Nacional de Creadores de Arte, y no hay actividades comunes entre ambos grupos. Lo que resulta aún peor es que en las universidades, donde se esperaría que ocurriera la deseada síntesis de las ciencias y las humanidades, también ocupan espacios distintos y mantienen programas diferentes e incomunicados entre sí; incluso, en los últimos años, se han agudizado antiguas diferencias y se ha llegado a hablar en los recintos universitarios, de "guerras de la cultura", a las que volveremos después, y que han sido caracterizadas como "una colisión entre las ciencias y las humanidades.. que no parecen haberse acercado desde que Snow identificó el problema de su separación hace más de 40 años"MacIlwain, C. Campuses ring to a stormy clash over truth and reason. Nature 387:331-333, 1997.
Incluso en quienes cultivan áreas afines, existen diferencias fundamentales, y así, por ejemplo, se ha dado la queja justificada sobre "el abismo entre quienes practican la ciencia y sus historiadores", calificándolo como "una de las imágenes más tristes en ciencia"Farmelo, G Heavyweight history. Nature 390:40, 1997.
En un contexto más amplio, se ha llegado a afirmar que "los científicos sociales están orquestando un ataque contra la ciencia y la razón"Gross, P. y Levitt, P. Higher Superstition: The Academic Left and its Quarrels with Science. Johns Hopkins University Press, Baltimore, Md 1994. , negándole a la ciencia validez y objetividad Gottfried, K. y Wilson, K.G. Science as cultural construct. Nature 386:545-47, 1997.

         Esta compartamentalización excesiva de las especialidades del conocimiento y la incomunicación entre los grupos de expertos en departamentos universitarios aislados entre sí, es una grave limitación al desarrollo de estrategias para estudiar los problemas de índole multidisciplinaria y cambiante, que están entre los más importantes de la sociedad moderna, y deteriora la vida misma de la universidad, que según Bloom, "ha perdido cualquier carácter de polis que tuvo y es como un barco en el que los pasajeros son compañeros accidentales de viaje, que pronto desembarcarán y tomarán rumbos distintos" Bloom, A. The Closing of the American Mind. Simon and Schuster, N. York, 1987.. Ya están surgiendo propuestas para reestructurar la vida académica en las instituciones de educación superior Gazzaniga, M.S. How to Change the University. Science. 282: 237, 1998..

Las tres culturas de la ciencia

       Pero si en el actual panorama finisecular no hay señales de que se reduzca el foso entre las ciencias y las humanidades, el problema se agrava con el derrotero centrífugo que está tomando la propia ciencia, en cuyo seno se están manifestando ya grietas crecientes, al desarrollarse grupos con visiones e intereses distintos sobre lo que es la investigación científica y lo que debe ser su papel en la sociedad. Las diferencias entre estos grupos son ya tan grandes como las descritas originalmente por Snow y constituyen el tema central de este ensayo.

         Una de las fuerzas determinantes de estos cambios es el crecimiento mismo del conocimiento científico y del sistema que lo sustenta. De acuerdo a la ley del crecimiento exponencial descrita por De Solla PriceDe Solla Price, D. de Solla Price, D.J. Little Science, Big. Science...and Beyond. Columbia University Press, N. York, 1986., la producción científica viene duplicándose cada 15 años, creciendo así a un ritmo superior al de la población; actualmente, la mayor parte de la investigación que se ha hecho en la historia de la ciencia es la que está en curso, y siete de cada ocho científicos que han vivido, están activos ahora, constituyendo un enorme conjunto de más de cinco millones de investigadores profesionales; población mayor que la de algunos paísesIndicadores de Ciencia y Tecnología. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, 1988..

         La producción científica ha crecido a un ritmo proporcional, expresándose en un inmenso caudal de cerca de cien mil distintas publicaciones periódicas, además de libros, monografías, memorias de reuniones y textos electrónicos, que forman una vasta red de comunicación. Con este crecimiento, se ha dado una natural diversificación temática. Disciplinas que hace cuarenta años estaban en gérmen, como la cibernética y la biología molecular, hoy son troncos de frondosos árboles de conocimiento.

         Este enorme desarrollo ha fortalecido sin duda el papel de la ciencia en la sociedad y en las universidades, pero también ha transformado las relaciones internas de los sectores de la ciencia, su manejo institucional y su vinculación con la sociedad. En lo interno, se ha generado una enorme especialización, que dificulta la comunicación aun entre disciplinas con intereses similares. Así pues, además de la posible existencia de las dos culturas definidas por Snow en la comunidad académica, la diversificación de la ciencia ha llevado a su fragmentación interna, al punto de que autores como Collini, aluden ya a "dos mil, dos culturas"Collini, S. Introducción a Ref. 2, y a asemejar el mapa del desarrollo de las disciplinas científicas actuales a una diversidad de "pequeños estados, con redes de comunicación y alianzas entre ellos, entrecruzándose en ocasiones de manera sorprendente". Semejante al gradual deslizamiento de las placas tectónicas del planeta, los continuos desarrollos en la ciencia, dan lugar a la formación de nuevos macizos, pero también de pequeñas islas y a colisiones de las que resultan erupciones violentas que están continuamente cambiando la fisonomía de la ciencia, en ocasiones en forma predecible, pero en otras completamente inopinada.

         La gran expansión de la ciencia en los distintos países, se ha basado en decisiones gubernamentales de apoyarla como palanca para el desarrollo nacional. En EEUU, esta política fue definida explícitamente en el célebre informe de Vannebar Bush, en 1945 Bush, V. Science-the Endless Frontier. Washington DC: Government Printing Office, 1945. , que llevó a la creación de la National Science Foundation y que fue luego seguido por acciones similares en todo el mundo. Pero además de los subsidios a la ciencia mediante donativos, las distintas entidades gubernamentales han incorporado la investigación a su organización funcional, particularmente en áreas de importancia estratégica, como defensa, energía, salud y otras. La asesoría científica ha sido aprovechada a los más altos niveles de los gobiernosGolden, W.T. (Ed.) Science and Technology Advice to the President, Congress, and Judiciary. Pergamon Press. 1988.Thompson, K.W. (Ed.) The Presidency & Science Advising. University Press of America, Inc., Boston 1986.Saegusa, A. Japan ties the industry/university knot. Nature 390:105, 1997..  Además, en los países industrializados, los empresarios descubrieron la rentabilidad de la investigación científica y el desarrollo tecnológico, generadora de una apreciación del valor agregado de los productos industriales Teitelman, R. Profits of Science. Harper Collins, Publishers, N. York, 1994.Wong, E. An economic case for basic research. Nature 381: 187-88,1996.Mansfield, E. en Science and Technology Policy Year Book. American Association for the Advancement of Science. Washington, DC, 1991., y en los países en desarrollo, la correcta definición de una política tecnológica es materia de análisis de los más altos cuerpos asesores Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, México. Documento para una Política Tecnológica, México, D.F., 1994..

         Los propios científicos han contribuido con entusiasmo a definir y promover la participación de la ciencia y la tecnología en la generación de políticas de desarrollo y particularmente para aumentar en volumen y calidad de producción industrial, no sólo integrando la oferta de conocimiento universitario potencialmente útil a ese fin, sino orientando la actividad científica de acuerdo a las necesidades industriales: por  ejemplo,  Abelson Abelson, P.H. Science, Technology, and National Goals. Science 259: 743, 1993. planteó con claridad en EEUU, que para "contribuir a la competitividad industrial mediante la ciencia y la tecnología, necesitamos trabajar a partir de las metas de competitividad industrial, más que desde las marcadas por el evento científico más reciente". Todo ello complementado, además, con amplios programas de capacitación de la fuerza de trabajo Landau, R. y Rosenberg, N. Strategies for U.S. Economic Growth. pp. 159-176, National Acadademy of Sciences, Washington, D.C., 1998..  Así, la penetración social de la ciencia ha creado un camino bidireccional, y la universidad está experimentando profundos cambios al responder a expectativas sociales. Como veremos luego, las estrategias de vinculación de la universidad con el gobierno y las empresas son motivo de amplias y continuas discusiones en los recintos universitarios y aun en los foros públicos. Con ello, la comunidad científica descrita por Snow, fundamentalmente arraigada en el claustro universitario, sufre ahora influencias culturales a las que antes estaba mucho menos expuesta.

         Así se han creado poderosos y variados vínculos entre las universidades, el gobierno y la industria. Baste mencionar el ejemplo del "Valle del Silicio" en California, en el que las empresas y las universidades comparten instalaciones, programas, presupuestos e investigadores en electrónica, computación, ingeniería química, y más recientemente en biotecnología Stipp, D. Gene Chip Breakthrough. Fortune Marzo 31, 1997.Service, R.F. Microchip Arrays Put DNA on the Spot. Science 282:396-99,1998.. Este modelo se está difundiendo en el mundo, y en todas las grandes universidades existen programas amplios de vinculación con empresas, e incluso los propios científicos universitarios han aprendido a desarrollar una mentalidad empresarial. El número de patentes registradas por esas universidades se incrementa a un ritmo proporcional al de los artículos científicos, con el consiguiente aumento de los ingresos económicos. Por ejemplo, sólo la patente del ADN recombinante les ha redituado a las universidades de Stanford y California cientos de millones de dólares Helling, R.B. Patents and royalties. Nature 387:546, 1997.. Un ejemplo reciente de las complejas implicaciones entre gobiernos y empresas en el desarrollo de proyectos científicos, es la competencia y ulterior asociación entre ambos sectores para la caracterización de la estructura del genoma humano Emmett, A. The Human Genome. The Scientist. 14(15): 1,17-19, 2000..

         Este éxito está transformando también la actitud de los investigadores básicos, sobre todo en temas cuyos productos científicos tienen mayor aceptación en la industria, como la ingeniería genética o la química farmacéutica, en las que el descubrimiento de una nueva substancia, y aun de un fenómeno natural, lleva casi de inmediato a la creación de un producto industrial, al punto de que la publicación del descubrimiento científico se difiere en tanto se obtiene la patente.

         Pero aun estos considerables ingresos son insuficientes para asegurar el ritmo de desarrollo de la ciencia, que cada vez requiere de más recursos, cuya búsqueda en entidades gubernamentales o empresariales hace que, al trasponer los linderos universitarios, la ciencia se torne más vulnerable a los intereses de esos sectores externos que contribuyen a su financiamiento. Así, han surgido corrientes en el seno de las universidades, cuestionando este curso de acción y señalando los riesgos para la independencia institucional y para el desarrollo de la ciencia en el largo plazo, de caer en una dinámica de servicio a la industria, con intereses de recuperación inmediata de las inversiones. Como señala Kaplan Kaplan, M. Ciencia, Sociedad y Desarrollo. Universidad Nacional Autónoma de México, 1987., "la dialéctica de la ciencia ha llegado a conquistar el más alto grado posible de influencia y poder, y a sufrir una situación de máximo sometimiento...los investigadores... viven una contradicción permanente entre su papel creativo, que reivindica la iniciativa humana y el cambio, y su sometimiento a sistemas que tienden a la perfección cerrada y estática". A estos riesgos debe añadirse la satisfacción y el apoyo gubernamentales a esta contribución empresarial, que genera beneficios económicos, fortalece la planta industrial y la competitividad a escala internacional, y aligera al erario público la carga presupuestal de un aparato científico cada vez más costoso.

         El desarrollo y la diversificación crecientes de la ciencia están generando también oposición enérgica en grupos que no tienen igual acceso a estos recursos externos, y que por ello, ven disminuir su peso específico en las universidades y en las propias comunidades académicas. En aspectos fundamentales como la evaluación del trabajo científico, la contratación y las promociones institucionales, la adjudicación de presupuestos y el reconocimiento social a la obra realizada, se vienen dando confrontaciones en el seno del sistema científico, que revelan que las grietas observadas por Snow han crecido tanto, que ya separan espacios tan distintos entre sí como los representativos de las dos culturas reconocidas por este autor, y entre los que se dan antagonismos similares. Ahora los científicos básicos empiezan a creer que son los tecnólogos quienes "tienen el porvenir en los huesos", mientras éstos consideran que las normas corrientes de evaluación del desempeño académico no otorgan a su trabajo el reconocimiento que merece. Por otra parte, en las universidades repercuten y aún se gestan desarrollos ideológicos de gran alcance, que llegan a enfrentarlas con estructuras sociales y gubernamentales, complicando la relación entre la universidad y la sociedad.

         Por su parte, los políticos con formación humanística, reconocidos por Snow como conductores de los gobiernos en su tiempo, están siendo sustituidos en ese papel, por funcionarios versados en ciencias sociales, particularmente las políticas y económicas, con una visión de la universidad más comprometida con la solución de problemas concretos e inmediatos que con la generación de modelos de largo plazo. Así, el tema de la pertinencia social de la educación superior ocupa ya un lugar relevante en la agenda de los gobiernos y de las instituciones educativas, y éstas desarrollan actualmente amplios esfuerzos para preparar a sus alumnos para un mercado de trabajo competitivo y cambiante Committee on Science, Engineering, and Public Policty (COSEPUP), National Research Council. Reshaping the Graduate Education of Scientists and Engineers. National Academy Press, Washington, DC, 1995..

         Por todo ello, el reconocer la existencia de esta diversidad cultural dentro del sistema científico es tan necesario ahora como fue hace cuarenta años el caracterizar la separación entre las ciencias y las humanidades, con el propósito de resanar grietas y lograr la necesaria conjunción de esfuerzos para realizar esa "Revolución Científica", preconizada por Snow.

         Además, la integración de los diversos sectores académicos en esta revolución es cada vez más necesaria, ya que en parte, como consecuencia de los desarrollos tecnológicos, se están creando problemas complejos, como el deterioro del medio ambiente, la sobrepoblación, la pobreza, la ignorancia y la insalubridadWard, B. y Dubos, R. Only One Earth: The Care and Maintenance of a Small Planet. N. York, 1972.,  cuya solución no puede venir de una disciplina particular del conocimiento, sino que requiere de contribuciones de muy distintos campos, cuyos expertos deben saber comunicarse a fin de crear estrategias comunes para esos problemas que no pueden resolverse en un solo país o región geográfica.

         Esto es particularmente grave, ya que sigue creciendo el abismo entre los países ricos y los pobres, cuya reducción fue otra de las razones invocadas por Snow para justificar la necesidad de la Revolución Científica, y una de las manifestaciones más evidentes de esta disparidad está en el acceso a los medios de producción del conocimiento . Por otra parte, con la actual globalización crece el intercambio de científicos y estudiantes entre países, y la matrícula de los centros de mayor prestigio está conformada en algunas áreas, principalmente por doctorandos de origen extranjero Science and Technology Indicators. National Science Foundation. Washington, D.C. 1997.Indicadores de Actividades Científicas y Tecnológicas Consejo Nacional de Ciencia y tecnología, México, 1996.. Es entonces imperativo el estructurar estrategias integrales de desarrollo científico, en las que se resuelvan las diferencias entre los distintos sectores.

         En suma, entre los científicos apuntan ya claramente tres tendencias, a) la académica pura, fundamentalmente considerada por Snow como representativa de la ciencia, fuertemente arraigada en las instituciones de educación superior y dominante en los ámbitos académicos, b) la socio-política, con algunas áreas de contacto con las humanidades y desarrollando frecuentes y complejos intercambios con el gobierno y la sociedad en general, y c) la tecnológica-empresarial, que es la más reciente y de mayor crecimiento en los países industrializados, con vínculos crecientes con la industria, las empresas y aun con los gobiernos. Estas tendencias a menudo chocan entre sí en los cuerpos institucionales y de la forma en que se logre integrarlas en propósitos comunes dependerá el éxito en la realización de la Revolución Científica.

         Por ello resulta importante el caracterizarlas y fomentar los vínculos entre ellas. Pero por sí sola esta necesidad no justifica el hablar de tres culturas. El postular dos fue ya causa de críticas, recogidas por el propio Snow, y hemos revisado los argumentos en que basó el uso del término; veamos algunos más. Para caracterizar una cultura se han utilizado diferentes grados de precisión; Levi Strauss Levi-Strauss, C. Structural Anthropology. Versión inglesa de C. Washington, D.C. 1997.,  por ejemplo, deja laxamente la definición a criterio del propio investigador, aludiendo como cultura, a "un fragmento de humanidad, que desde el punto de vista de la investigación en curso y de la escala en que ésta se conduce, presenta discontinuidades significativas con el resto de la humanidad". Kroeber y Kluckholn Kroeber A. y Kluckholn, C.K.M. Culture: A Critical Review of Concepts and Definitions. Paper of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology, Harvard University 47(12): 643-44, 1952., por su parte, consideran a la cultura como un producto de la conducta, con atributos históricos, ideas, patrones y valores propios, que es aprendida y relativa, basada en símbolos y abstracciones. Estos rasgos son fácilmente identificables en algunos de los grupos que han surgido en el seno de la ciencia, con aspiraciones, prácticas y valores tan diferentes entre sí como con las humanidades, y que por tanto permiten calificarlos de nuevas culturas.

         En realidad, pese a que Snow las reunió en un solo conjunto, ya eran evidentes para él las notorias diferencias que existían entre los tres campos de la ciencia. En cuanto a las ciencias sociales, en su revisión de 1971, ya reconoció haber sido "lento en observar el desarrollo de lo que en términos de nuestras fórmulas se está constituyendo en una tercera cultura", integrada por una variedad de disciplinas como "la historia social, la sociología, la demografía, la ciencia política y la de gobierno, la economía, la psicología, la medicina y las artes sociales, como la arquitectura, que a pesar de parecer un lote diverso, tienen una consistencia interna. Todas ellas se ocupan de cómo viven o vivieron los seres humanos... no en términos de leyendas, sino de hechos". Sin embargo, también en esa ocasión reafirmó que "es probablemente muy pronto para hablar de una tercera cultura, ya existente. Pero estoy ya convencido de que está por venir" y aun celebró su eventual conformación como un posible puente entre las dos culturas descritas por él, ya que una de sus características, sería el mantener la comunicación con la científica.

         Acerca de la tecnología, desde la versión de 1959, reconoció que si bien "es permisible juntar a los científicos puros y los aplicados en la misma cultura científica, los hiatos son amplios. Los científicos puros y los ingenieros a menudo se mal entienden totalmente entre sí. Su conducta suele ser muy diferente: los ingenieros tienden a vivir en comunidades organizadas y por mucho que difieran entre sí, se arreglan para presentar al mundo una faz disciplinada. No así los científicos puros". Destacó que en lo político, los ingenieros se inclinan a ser más conservadores que los científicos básicos, ya que "están absortos en hacer cosas y el orden social presente les basta". Reconoció también que "la mayoría de los científicos puros han sido devastadoramente ignorantes de la industria productiva, y muchos aún lo son", y que consideran instintivamente que "la ciencia aplicada es una ocupación para intelectos de segunda". Incluso los jóvenes "se enorgullecen de que la ciencia que hacen, no pueda en ninguna circunstancia concebible, tener algún uso práctico". Sin embargo, ya anticipó que "la sociedad industrial de la electrónica, la energía atómica y la automatización es en aspectos cardinales, cualitativamente distinta a cualquiera que la haya precedido y cambiará mucho más al mundo". Pese a todas estas diferencias, no logró identificar una línea divisoria clara entre la ciencia básica y la aplicada, y se limitó a consignar que "la compleja dialéctica entre la ciencia pura y la aplicada es uno de los problemas más profundos en la historia de la ciencia".

         Desde luego, así como el panorama está dominado por la dispersión y las tendencias centrífugas, también conviene destacar que de continuo se generan nuevas áreas de contacto entre disciplinas, como sucede en las ciencias cognitivas y las de la salud, que han llevado incluso a científicos como Medawar Medawar, P. The Limits of Science. Oxford University Press, Oxford, 1985. a sostener que "las ciencias se están volviendo más unificadas, no menos". Como revisaremos luego, esta flexibilidad del conocimiento científico es una de las grandes esperanzas actuales.

         Veamos pues las semejanzas y diferencias entre estas tres áreas del conocimiento científico, tomando algunos de los criterios empleados por Snow y otros autores para caracterizar las dos culturas.

Historia.

       Las tres áreas de la ciencia actual reconocen orígenes muy distintos. Mientras la ciencia arranca de los filósofos, sacerdotes y médicos, la tecnología se remonta a antiguos artesanos; incluso en la antigua cultura greco-romana, el dios de la ingeniería, Hefestos-Vulcano, antes se unió a la diosa de la belleza que a las deidades de la sabiduría, como Palas Atenea-Minerva. Los filósofos griegos, y con ellos los primeros científicos, exceptuando los médicos, se preciaban de no ocuparse de conocimientos útiles, tradición que aún está arraigada entre investigadores básicos en el campus universitario. Es comúnmente reconocido que la revolución industrial se gestó fuera de los recintos universitarios y al margen de los cuerpos académicos y que la técnica no siempre, ni de modo ineludible, ha requerido del apoyo de la ciencia. De hecho, fue motivo de extrañeza (y luego de admiración) el que las universidades alemanas del siglo pasado establecieran programas de enseñanza tecnológica y capacitación empresarial, cuyos egresados luego irrumpieron con gran éxito en la industria europea. En algunos países, el reconocimiento a los valores académicos de la tecnología es muy reciente; por  ejemplo,  en EEUU, en tanto que la National Academy of Sciences fue creada desde 1864, la National Academy of Engineering apenas data de 1964, y recién en los ochenta, se añadió el componente de ingeniería a los indicadores nacionales de ciencia editados por el gobierno de ese país Petroski, H. Development and Research. Am. Sci. 85:210-13, 1997.

         Por otra parte, mientras las ciencias naturales se desprendieron de la filosofía desde el siglo XVII, y han tenido un curso independiente desde entonces, las ciencias sociales han iniciado ese proceso mucho más recientemente, y como revisaremos luego, aún conservan en su estructura y su quehacer cotidiano, grandes similitudes con el cuerpo de las humanidades, y han sido el epítome de las ciencias blandas. Por ello se justifica la apreciación de Snow al considerarlo un puente natural entre las ciencias y humanidades de cuya importancia actual trataremos ulteriormente.

Dimensiones

       El conglomerado social de los científicos, como se mencionó, está integrado ya por millones de individuos y continúa expandiéndose. Solamente las reuniones internacionales de investigadores de alguna de las disciplinas pertenecientes a estos grupos, congregan a millares de participantes y, desde luego, este rasgo es común a las tres áreas de la ciencia, cuyo crecimiento es además comparable. De hecho, existen culturas caracterizadas desde los puntos de vista antropológico y sociológico, con menos integrantes, y el propio sistema científico ha sido estudiado desde esta perspectiva Lomnitz, L. La Antropología de la investigación científica en la UNAM. Deslinde, 78, 1975..

Ubicación

       Cada grupo ocupa espacios propios y muy diferentes entre sí; desde luego, la tecnología es la dominante en las empresas industriales, aun cuando algunas también cuentan con grupos de investigación básica; en las instituciones educativas, aunque coexisten los espacios para las tres áreas del conocimiento, suelen estar separados entre sí y lo común es que los edificios y las instalaciones destinadas a las distintas disciplinas de cada área sean vecinas, con claros límites con los dedicados a las otras dos áreas. Incluso, hay instituciones educativas enteras que sólo cultivan ciencias sociales, ciencias básicas o tecnología. Por ejemplo, los institutos tecnológicos no suelen incluir ciencias sociales, y desde luego, las grandes instituciones de consultoría o las universidades pedagógicas carecen de instalaciones y personal para realizar investigación en tecnología o ciencias básicas. Esta segregación en los espacios universitarios acentúa la diferenciación conceptual de las tres áreas del conocimiento.

Estructura epistemológica

       La ciencia básica, moldeada en la estructura de la física ha asumido tradicionalmente la existencia de una relación objetiva entre el científico y su tema de estudio, que lleva al establecimiento de leyes naturales o de relaciones en el mundo material, que son independientes de la cultura, permanentes y con validez universal Weinberg, S. Physics and History. Daedalus 127(1): 151-164, 1998.. Los fenómenos son explicables en términos de relaciones de causas con efectos, de preferencia expresadas en términos matemáticos. La precisión y la universalidad de las formulaciones, así como la capacidad predictiva de los modelos llevó a la tradicional separación entre "ciencias duras" y "ciencias blandas" con diferentes grados de precisión en su aptitud para explicar la naturaleza en términos causales Storer, N. The hard sciences and the soft: some sociological observations. Bull. Med. Libr. Ass. 55: 75-84, 1967.. Las ciencias sociales, por su parte, nunca han negado su fuerte componente ideológico y su aplicabilidad restringida a entornos sociales y tiempos históricos Myrdal G. The social Responsibility of the Social Scientist. Current  Anthropology Dic. 1965, p 398Schumpeter, J. Science and Ideology. American Economic Review. 39(2): 345-359, 1949.. La tecnología, más que a generar conocimiento, aspira a aprovechar el existente para transformar la naturaleza. Esta tendencia es compartida con algunas ciencias sociales como la economía y las ciencias políticas, con proyecciones transformadoras de ingeniería social.

          Desde luego, hay zonas importantes de traslape entre las tres áreas; así, algunas ciencias sociales, como la lingüística, tienen más áreas en común con la ciencia básica, y otras más, como la medicina y la arquitectura, se nutren de las tres vertientes. Por otra parte, algunos desarrollos de la ciencia de este siglo han mostrado que las diferencias estructurales no son tan abismales, y que algunas de las premisas de las ciencias físicas del siglo pasado, como el determinismo y la casualidad unívoca, fueron derribadas al establecerse el principio de indeterminación, y la noción de caos y las relaciones probabilísticas, tanto en la dinámica de partículas subatómicas, como en la de poblaciones en ecosistemas.

         Sin embargo, estas diferencias epistemológicas están enfrentando y radicalizando las posturas de algunos grupos y son causa de controversias tan intensas que en algunas universidades de EEUU y Europa ya han sido catalogadas de "Guerra de las Ciencias", precipitadas por el reconocimiento del fuerte componente cultural en la elaboración de los paradigmas de la ciencia básica Brannigan, A. The social basis of scientific discoveries. Cambridge University Press, Cambridge, 1981.,  que ha llevado a algunos grupos al extremo de negar la objetividad de los modelos de las ciencias físicas Goodhearth, E. Reflections on the Culture Wars. Dedalus 126(4): 153-175, 1997.Labinger, J.A. The Science Wars and the Future of the American Academic Profession. Daedalus 126 (4): 201-220, 1997..

Valores

        Aun cuando los tres grupos comparten un interés fundamental en la adquisición de conocimiento y una estructura ética similar, también es verdad que cultivan intereses en ocasiones muy distintos y que como ya revisamos, están generando actualmente considerables tensiones en la vida académica. Mientras los tecnólogos y algunos científicos sociales, por su mayor contacto con los sectores gubernamentales y empresariales, promueven la utilización del conocimiento y la vinculación de las universidades con los gobiernos y las empresas, y con ello, las transformaciones necesarias al interior de las universidades para atender las demandas externas, los científicos básicos unen fuerzas con los humanistas en defensa de los valores tradicionales de la universidad. Además, ambos grupos consideran ser los paladines de los verdaderos valores universitarios, ya que en su mayoría, hacen su vida a tiempo completo en ella, y los egresados de sus facultades y escuelas, tienden a permanecer como miembros de la planta académica, mientras los graduados en las áreas tecnológicas y sociales, tienen su espacio laboral fuera de la universidad.
 

         Entre los tres grupos de científicos se suscitan vigorosas controversias, que como ya revisamos, han llevado a acuñar el término de "Guerra de las Ciencias", en las que se debaten opiniones antagónicas sobre el papel de la universidad y su relación con la sociedad. Como ya se mencionó, crecen las actitudes polares sobre lo que unos ven como injerencia inaceptable del gobierno y los empresarios en los programas y las decisiones de las instituciones educativas, mientras que otros consideran esas influencias como indispensables para la incorporación cabal de la ciencia y aun de las universidades en el tejido social, así como para el desarrollo de la estrategia indispensable para la supervivencia de un aparato científico cada vez más complejo y oneroso.

         Además, conforme se expanden las ciencias básicas y la tecnología, surgen nuevas formas de relación con las ciencias sociales y las humanidades, entre grupos antes incomunicados; por ejemplo, los adelantos de la tecnología plantean retos de tipo jurídico Breyer, S. The Interdependence of Science and Law. Science 280: 537-38, 1998.  o ético. Así, el uso del análisis de ADN como prueba con validez jurídica Pollard, Rh. D. y varios. The Evaluation of Forensic DNA Evidence. Proc. Natl. Acad. Sci. USA. 94:5498-5500, 1997., el manejo de conceptos científicos para establecer la legislación sobre el medio ambiente Merkel, A. The role of Science in sustainable development. Science 281:336-67, 1998. o los aspectos éticos en el manejo de innovaciones como la clonación o la modificación genética de especies biológicas, y la investigación en humanos The Belmont Report. Ethical Principles and Guidelines for the ProtectIon of Human Subjetcts of Research. The National Commission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research. Abril 18, 1979., están entre los grandes temas que viven polarizando a la sociedad moderna y requiriendo de la confluencia de expertos de muy distintos campos de la ciencia, en interacción con los sectores sociales interesadosLeggon, Ch. B. The Scientist as Academic. Daedalus 126(4):221-224, 1997..

Forma de trabajo

       En el esquema tradicional, la investigación básica era realizada de manera individual, caso particularmente común en las ciencias teóricas, o por un pequeño grupo de colaboradores, situación propia de las ciencias experimentales. Así, las publicaciones fundamentales de Galileo, Newton, Leibnitz, Harvey, Pasteur, Bernard, Einstein Rutherford y tantos otros fundadores de la ciencia moderna, se conforman en este patrón. Con la diversificación del conocimiento , se asentó el modelo de la colaboración entre pares, en pie de igualdad, lo cual, hasta muy recientemente se significaba por rasgos como la exigencia de revistas científicas sobre la inclusión de los autores de un trabajo en riguroso orden alfabético. Aun actualmente, buena parte de la producción científica sigue siendo realizada por pequeños grupos, en lo que De Solla Price llama "la pequeña ciencia"De Solla Price, D. de Solla Price, D.J. Little Science, Big. Science... and Beyond. Columbia University Press, N. York, 1986.,  que es la más común en el campo de la investigación básica. Pero la complejidad de algunos problemas ha llevado a la necesidad de contar con grandes y costosas instalaciones y aparatos en el esquema de la llamada "gran ciencia" y con ello a la asociación de investigadores para proyectos de gran magnitud; pero aun ahí, es común que el acceso a las instalaciones mayores se otorgue a investigadores para la realización de estudios individuales.

         Un esquema intermedio que está provocando creciente inconformidad entre la comunidad de investigadores básicos es el surgimiento de grupos numerosos de investigación bajo un líder que dirige simultáneamente muchos proyectos, supuestamente convergentes en una línea común de estudio. La insatisfacción proviene tanto de los otros investigadores, cuyo único proyecto no es subsidiado, como de los propios agraciados con varios donativos, ya que tienen que invertir un tiempo considerable en el proceso de solicitar los subsidios y manejar los recursos, en detrimento de su propia dedicación científica.

         De cualquier manera, el financiamiento a la investigación básica se canaliza mediante donativos sin más compromiso para los investigadores, que dedicarse a trabajar en la realización del proyecto propuesto; además, en las áreas de "alto riesgo"; es decir, aquellas en las que la solución de un problema es poco probable, ni siquiera suele asumirse la obligación de presentar resultados concretos en tiempos previsibles; de hecho, una de las, razones por las que la ciencia ha florecido en las universidades es la estabilidad que éstas han proporcionado a sus investigadores para dedicarse a resolver los problemas de su interés sin límite de tiempo. Otra es la libertad absoluta para decidir el tema de investigación. El científico fija sus propias prioridades y estrategias, dependiendo de su evaluación personal sobre la importancia, la oportunidad y la factibilidad del tema.

         Este panorama está cambiando y en la estructura actual de las universidades ya hay que presentar planes de trabajo y rendir informes de actividades que son calificados por comités de pares en los que, como veremos luego, no es bien visto el no haber publicado nada durante un lapso suficientemente largo, a juicio de los evaluadores. Dado que muchos de estos criterios y prácticas proceden de la vinculación de las universidades con las agencias gubernamentales o privadas que subsidian la investigación, y que tienen prioridades explícitas sobre problemas y aun temas generales de estudio, es común que los investigadores interpreten esta práctica como una rendición de la autonomía académica universitaria ante intereses ajenos Goran, M. The Future of Science. Spartan Books. N. York. Londres, 1981. y una restricción irracional a la libertad de investigación y, por ello, deletérea en el largo plazo, tanto para la ciencia como para la vida universitaria. Una fuente creciente de insatisfacción es la burocracia que la gran ciencia, como toda gran empresa, termina por crearNorman C. The God That Limps. W.W. Norton & Co. N. York, Londres, 1981..

         Lo que es novedoso y con rivetes molestos para la comunidad de investigadores básicos, es lo común en el caso de la investigación tecnológica, organizada tradicionalmente sobre el trabajo en grupos, dedicados a la realización de proyectos con metas, productos y tiempos bien definidos, convenidos mediante contratos con las entidades patrocinadoras. La entrega de informes periódicos y la rendición escrupulosa y oportuna de cuentas está integrada en el quehacer cotidiano en las ciencias de la ingeniería. La selección de los proyectos, si bien en ocasiones responde a intereses puramente académicos, comúnmente se orienta a resolver los problemas señalados por la entidad contratante. La organización del trabajo es la requerida por el proyecto, y puede ir desde un estudio individual para producir una asesoría o un diseño, hasta la integración de un gran grupo de trabajo para un estudio multidisciplinario o un vasto proyecto ingenieril Abelson, P.H. Evolution of Industrial Research. Science 265:299, 1994.. Así pues, mientras la ciencia florece con el mecenazgo irrestricto, la tecnología avanza con la contribución de los usuarios del conocimiento. Una área intermedia entre estos extremos es la investigación aplicada, orientada a resolver problemas tecnológicos de interés amplio, o aun de utilidad incierta y, por tanto, de alto riesgo, por lo que a menudo no se maneja por contrato, sino mediante donativos Branscomb, LM. Who should fund basic technolgoy?. Nature 392:123-24, 1998..
Las ciencias sociales, dada su heterogeneidad, participan de los espacios. Las más cercanas a las humanidades demandan la misma libertad de creación que las ciencias básicas; el filósofo, el antropólogo o el lingüista requieren de la misma libertad e intemporalidad en sus actividades como el matemático o el físico teórico, mientras que en las disciplinas más aplicativas, v. gr. algunas áreas de las ciencias políticas y económicas y la demografía, se producen asesorías a gobiernos o a empresas, se trabaja a menudo por contrato, con tiempos y metas definidos, pero no es raro que en la misma disciplina coexistan muy distintas actitudes y formas de trabajo: por ejemplo, en la economía, lo mismo se desarrollan investigaciones básicas sobre la estructura económica global, que aspiran a encontrar leyes generales e incluso hay ya un premio Nobel para reconocer contribuciones fundamentales en este campo, en el que también se realizan estudios y consultorías para entidades públicas o privadas; en las ciencias de la salud, en tanto los investigadores biomédicos se dedican a la ciencia básica, en las áreas clínicas y socio-médicas, la investigación se orienta a resolver problemas concretos de salud. En las ciencias de la educación coexisten igualmente los proyectos de corte general sobre el proceso abstracto de enseñanza y aprendizaje, con estudios puntuales; por ejemplo,  análisis de planes de estudio.

Naturaleza de los productos

       Existiendo diferencias considerables entre el quehacer de la ciencia básica y el de la tecnología, es natural que también los productos de ambas difieran ampliamente. Así, en la investigación básica, los productos de mayor calidad son aquellos que en la terminología de KuhnKuhn, Th.S. The Structure of Scientific Revolutions. The University of Chicago Press. Chicago, 1970., contribuyen a cambiar paradigmas; con ello, un resultado no explicable en función de los modelos existentes puede tener más valor que la confirmación de una hipótesis. La ciencia progresa a partir de los resultados imprevistos Salmerón, F. La investigación en la universidad y las innovaciones técnicas. En I coloquio Latinoamericano sobre la Universidad y el Desarrollo Científico y Tecnológico. UDUAL, 1983, pp. 37-55.. En la ciencia básica, el proyecto de investigación es la formulación de una pregunta, dejando abiertas varias posibles respuestas del sistema estudiado; la creatividad del investigador se manifiesta en la calidad de los resultados que obtenga y la interpretación que haga de ellos. En la tecnología, en cambio, lo común es que el producto esté ya prefigurado en el proyecto, que de desarrollarse tal como es concebido, llevará a los resultados previstos; es pues, en la concepción del proyecto donde mejor se manifiesta la calidad del investigador.

         Es entonces natural que la investigación básica se dé a conocer fundamentalmente en forma de artículos en revistas científicas periódicas, asignándosele especial valor a las de circulación internacional, con criterios estrictos de aceptación, en tanto que la investigación tecnológica más comúnmente se expresa en forma de comunicaciones breves a congresos, de informes técnicos y cuando se llega a tener un producto con suficiente madurez, se registra la patente, nacional o internacional. En consecuencia, no sorprende que a pesar del enorme desarrollo de áreas tecnológicas como la microelectrónica o las telecomunicaciones, no haya una profusión conmensurable de revistas científicas especializadas en dar a conocer los nuevos productos. El énfasis en publicar es tan diferente entre estos dos grupos, que según De Solla Price De Solla Price, D. de Solla Price, D.J. Little Science, Big. Science... and Beyond. Columbia University Press, N. York, 1986., la ciencia es papirocéntrica, en tanto que la tecnología es papirofóbica. Este mismo autor destaca que, a diferencia de la publicación científica, la tecnológica no busca la discusión de los pares, sino que es más bien un anuncio del producto, y llega a ilustrar como ejemplo, que cuando un científico cambia de adscripción suele llevarse consigo su colección de revistas y artículos, mientras que el tecnólogo lo que se lleva son sus catálogos.

         Desde luego, la estructura de los productos de ambas áreas es completamente distinta; en tanto que el artículo científico suele tener amplia bibliografía, el informe técnico o la patente contienen escasas referencias, fundamentalmente a las contribuciones propias del autor. El destino del producto es también diferente; mientras la investigación básica libera sus resultados al dominio público, en tecnología es común que se retenga la propiedad intelectual.

         El conciliar el afán del investigador básico por publicar los frutos de su trabajo lo más pronto posible y lograr la máxima repercusión, contrasta radicalmente con la confidencialidad con que suele manejarse la investigación tecnológica. Desde luego, esta área genera la mayor parte de los recursos que ingresan a las universidades y su desarrollo es también motivo de aprensión en algunos sectores universitarios. De hecho, estas dos actitudes polarmente opuestas constituyen importantes focos de tensión en las instituciones educativas al coexistir dos modelos tan distintos para realizar y expresar la investigación. El subsidio a la investigación básica sobre la presentación de proyectos de trabajo con metas y tiempos precisos ha sido severamente criticado por muchos científicos como limitante de la creatividad. La armonización de estas actitudes es sin embargo indispensable para realizar una vinculación satisfactoria de la universidad con el gobierno y con la industria. De hecho, en áreas como la física de estado sólido, la computación, la biotecnología y algunas ramas de la biomedicina, en que los desarrollos tecnológicos siguen muy de cerca a los descubrimientos científicos, se está dando ya un "bilingualismo" en la expresión de los productos, y los investigadores aspiran lo mismo a publicar que a patentar.

         Los productos de las ciencias sociales por su parte, también muestran notorias diferencias con los de la investigación básica; en tanto que ésta aspira a encontrar rasgos universales del mundo natural, la investigación en ciencias sociales describe comúnmente los de contingentes específicos y aun los de comunidades locales, y el producto está orientado a promover cambios en sectores definidos de la sociedad. Dada su mayor heterogeneidad, las ciencias sociales tienen una correspondiente diversidad de formas de expresión, que van desde informes técnicos tan lacónicos y propositivos como los de las ingenierías, a la publicación de resultados y de tesis originales en forma de amplios libros y monografías, particularmente comunes en aquellas disciplinas que mantienen más estrechos vínculos con las humanidades. De hecho, esta última forma de comunicación es aun la más distintiva del campo, y la que más difiere de las otras; y a menudo, se prefiere la publicación nacional y aun local, ya que el producto está orientado, no a la sociedad general, sino a una comunidad en especial; sin embargo, también esto está cambiando, y con la globalización se han ampliado los horizontes de interés, y la descripción de una comunidad rural en un país puede ser un modelo básico para acciones internacionales en otros países con estructuras sociales similares.

         Otro caso interesante se da en las ciencias de la salud, ya que además de la investigación de trascendencia internacional, tiene gran valor la de alcance nacional o regional, con influencia poderosa sobre los patrones de atención médica.

Evaluación de la calidad

        Siendo tan diferentes la organización del trabajo y la naturaleza de los productos, no es extraño que también existan amplias diferencias entre los tres grupos en cuanto a la evaluación de la calidad de la obra, que en la ciencia básica se centra en la importancia intrínseca del producto, juzgada por la magnitud paradigmática de la contribución. No hay duda del gran valor de un trabajo en el que se construya un nuevo paradigma científico, como ocurrió con la ley de la gravitación universal de Newton, la segunda ley de la termodinámica de Carnot, la teoría cuántica de Planck, la teoría especial y la teoría general de la relatividad de Einstein, el modelo atómico de Bohr y Rutherford, la naturaleza microbiana de las enfermedades contagiosas de Pasteur, la teoría de la Evolución de Darwin, o el modelo de Watson y Crick sobre la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico, para sólo mencionar algunas que están en esa categoría. En estratos inferiores de generalidad, hay toda una gradación de leyes o principios de funcionamiento de la naturaleza, como pueden ser las ecuaciones de Maxwell sobre la radiación electromagnética, la naturaleza del enlace entre moléculas de Pauling, la teoría celular de Schleiden y Schwann, las leyes de Mendel en genética y la doctrina neuronal de Santiago Ramón y Cajal y tantas otras con validez en ciertos sistemas de la naturaleza. En el extremo de esta escala se encuentra lo que Kuhn llama la investigación normal, que se limita a llenar los pequeños huecos existentes en los paradigmas científicos prevalentes, que, desde luego, constituye la mayor parte de la que se realiza en el mundo.

         Una forma indirecta de valorar la importancia de una contribución científica es por su repercusión en los medios especializados, sea a través del juicio directo de los miembros del "colegio invisible" Crane, D. Invisible Colleges. The University of Chicago Press, Chicago, 1972., que suelen valorarla de acuerdo a la utilidad que tenga para su propio trabajo, o en la expresión de ese mismo indicador, por parte de toda la comunidad de investigadores del campo, mediante citas en la literatura internacional; en este último caso, desde luego, la repercusión no mide la calidad, sino el interés que despertó la contribución, y el que se le cite en la literatura especializada bien puede ser para contradecirla hasta erradicarla; y aún cuando termine por aceptársele, con el tiempo también deja de citarse la contribución original. Por ejemplo, los trabajos originales de Bohr o los de Watson y Crick, aludidos antes, son hoy más citados por historiadores que por 
investigadores activos en la física y la biología,  respectivamente.

         Sin embargo, uno de los descubrimientos de la bibliometría fue que la mayoría de los artículos científicos no son citados; es decir, jamás son siquiera considerados para su posible inclusión en el cuerpo de conocimiento del campo correspondiente de estudio; con ello, si bien el número de citas en la literatura internacional no es medida de calidad, la ausencia de éstas durante un lapso suficientemente prolongado es un indicador elocuente de la intrascedencia de una obra. Es natural entonces, que los investigadores aspiren a publicar sus resultados en las revistas de mayor circulación y aceptación en los medios científicos; con la actual profusión de datos, el investigador debe esmerarse en captar la atención de los integrantes del "colegio invisible" de la especialidad. Desde luego, hay muchos otros indicadores de calidad en ciencia básica, pero todos tienen en común que la evaluación corre a cargo de los expertos en la disciplina correspondiente del conocimiento. Pese a sus innegables limitaciones, la "evaluación por pares" es el instrumento más común y hasta ahora, el más útil para ese propósito Aréchiga, H. La evaluación del trabajo científico. Avance y Perspectiva. 37: 48-54, 1989..

         La investigación tecnológica, en cambio, además de compartir con la básica los criterios de calidad intrínseca y de originalidad, debe añadir la pertinencia y , en su caso, la rentabilidad. A la participación de los expertos en el tema de estudio se une el criterio de los patrocinadores y los futuros usuarios de la información obtenida; en algunos casos, como en la invención del tubo de rayos catódicos, del transistor, o la reacción en cadena de la polimerasa, se trata de creaciones con alta originalidad científica y enormes repercusiones industriales, que además, fueron producto de investigadores individuales; sin embargo, muy comúnmente, los grandes desarrollos tecnológicos suceden en competencias ágiles entre grupos industriales y la valoración del producto está dada por las ganancias que reporta a sus poseedores; así, en la industria de la computación, desde los diseños de Vannebar Bush o John von Neumann, a las actuales supercomputadoras o las computadoras portátiles, hay una sucesión vertiginosa de nuevos modelos cuyos creadores se pierden ya en el anonimato, y algo aún más representativo de esta dinámica es lo que ocurre en la creación de programas y algoritmos, que nunca se publican hasta aparecer en el mercado. En la industria de guerra ocurre otro tanto; los jueces de la viabilidad del diseño de un instrumento bélico, son el ejército o el gobierno que lo compran, y la contribución tecnológica se mantiene en secreto hasta el momento de usar el producto.

         Como ya se mencionó, la confidencialidad de buena parte de la investigación tecnológica imposibilita aplicar a la evaluación de su calidad los criterios propios de la ciencia básica; por ejemplo, el análisis de citas en la literatura internacional, y aún cuando hay desarrollos tecnológicos altamente citados, las patentes suelen serlo muy poco y no puede establecerse una relación tan clara como en las ciencias básicas; incluso puede suceder que algún desarrollo de muy alta calidad pueda no ser aceptado si compite con otros con más probabilidades de satisfacer la necesidad o el interés de mercado que motiva su creación.

         En las ciencias sociales, nuevamente nos encontramos con una mezcla de criterios; por una parte, como en la ciencia básica, hay claramente la participación de "colegios invisibles", constituidos por expertos reconocidos, y la aceptación de un trabajo puede ser generalizada e incuestionable; un ejemplo de esta actitud es el reconocimiento a la solución encontrada por Champollion al descifrar en la piedra de la Rosetta, la clave del egipcio antiguo; ahí sólo había una posible solución correcta y fue la propuesta por ese autor; sin embargo, ello no es la regla, y dada la labilidad de muchos de los paradigmas y la carga ideológica propia de algunos campos, se tiene menos universalidad en las apreciaciones; así, la valoración de una contribución dependerá de la corriente a que pertenezcan los evaluadores mismos; por ejemplo, en economía, un trabajo basado en postulados marxistas, por ese mismo hecho puede ser rechazado por un monetarista, independientemente de lo que aporte a la corriente de pensamiento en la que se inscribe; en arquitectura, una idea muy original puede chocar con criterios estéticos o económicos que impidan su aceptación, y en psicología, una contribución conductista puede ser rechazada a priori por un psicoanalista, y viceversa.

         Por otra parte, también es muy común que para evaluar una contribución se añada a la apreciación de su calidad intrínseca la de su pertinencia social, y en ocasiones no es fácil establecer los límites entre los dos criterios; por ejemplo, la valoración de las contribuciones de la corriente marxista en economía, independientemente de su calidad intrínseca, es diferente hoy en día a lo que fue cuando el marxismo afectaba la vida de más habitantes del planeta. Desde luego, las contribuciones más celebradas son las que reúnen el mayor producto de la calidad intrínseca por la pertinencia social, como es el caso de los trabajos de Piaget en ciencias de la educación, de Robert Solow en economía, y tantos otros.

¿Hacia una sola cultura?

       Resulta clara, pues, la existencia de rasgos propios de estos tres campos del conocimiento científico y de amplias diferencias entre ellos, que son comparables en magnitud a las señaladas por Snow entre las ciencias y las humanidades y que están dificultando en la misma medida la necesaria integración para realizar esa "Revolución Científica" de la que dependerá que la sociedad logre construir la "Era del Conocimiento" a la que aspiramos para el próximo siglo.

         Los obstáculos son ciertamente formidables; así, es preocupante que aun en los países industrializados y con mayor tradición científica, persista entre el público una gran ignorancia sobre aspectos elementales de la ciencia; por ejemplo, en EEUU, la mitad de los adultos entrevistados en una encuesta declararon no aceptar la teoría de la evolución Zacks, R. What are they thinking?. Sci. Amer. Oct. 1997, p 34., el 27% creía que el Sol gira alrededor de la Tierra y el 40% no pudo localizar el Océano Pacífico en un mapa Levine, J. Scientific Illiteracy: we have met the enemy and he is us. Oceanus 33: 3, 1990., y en una encuesta del Departamento de Educación de ese país sobre su sistema de enseñanza de la ciencia, se concluyó que "si una potencia hostil hubiera intentado imponerle a EEUU el mediocre desempeño educativo que existe hoy, lo habríamos considerado como un acto de guerra" The National Commission on Excellence in Education. A nation at risk: The imperative for educational reform. Department of Education, Washington D.C., 1983., y entre las instituciones educativas Cohen D.H. Observations from the AAMC Advisory Panel on Biomedical Research. Academic Medicine 66:585-588, 1991. y el CongresoBrown, G.W. Jr. Science Policy, Science Funding, and the Science Community. Academic Medicine 66:375-379, 1997. se ha detectado entre el público una erosión de la confianza en las universidades.

         En otros países la situación no es mucho mejor. Así, en Canadá, el 45% de los encuestados desconfiaron de la ciencia y la tecnología, el 46% consideraron que por sus conocimientos los científicos tienen un poder que los hace peligrosos, pero el 65% no pudo nombrar a ningún científico canadiense, vivo o muerto Burka, J.F. Building a relationship: science and the community. Can. J. Physiol Pharmacol. 75:1039-1043, 1997.. En Suiza, la investigación en genética molecular estuvo a punto de ser prohibida, y el asunto hubo de ser llevado a un referéndum nacional, ante una cerrada oposición de muchos sectores Schatz, G. The Swiss Vote on Gene Technology. Science 281:1810-12, 1998., y desde Japón, Tachibana se queja de que "la ciencia está floreciendo para el homo economicus y el homo faber, mientras disminuye para el Homo sapiens" Tachibana, T. Closing the knowledge gap between scientists and non-scientists. Science 281:788-79, 1998.. En los países en desarrollo, la ciencia y la visión racional del mundo que ésta
conlleva aún no penetran a los grandes estratos sociales, aferrados a una visión mágico-religiosa y esencialmente opuesta a los cambios. Esta actitud está presente incluso en los estratos directivos. La facultad de innovar, propia de la cultura industrial, aún no es debidamente asimilada entre los sectores empresariales, ni es suficientemente impulsada en los programas educativos.

         Pese a grandes esfuerzos, en todo el mundo, la divulgación de la ciencia no recibe el reconocimiento apropiado, y ello incluye aun a los países más avanzados, como expresara S. Jay Gould a propósito de Carl Sagan, "la preocupación por la imagen pública de la ciencia no implica necesariamente respeto por los que tratan de hacer algo por ella"Jay Gould, S. Brigth Star Among Billions. Science 275:599, 1997.. Sin embargo, hay también señales de progreso; es alentador el aumento continuo de la cobertura científica en la prensa. La inmensa mayoría de los países desarrollados tienen en sus periódicos secciones especiales dedicadas a la ciencia; por ejemplo, en EEUU a principios de la década ya había cerca de un centenarBreyer, S. The Interdependence of Science and Law. Science 280: 537-38, 1998.,  y en México, los periódicos de mayor circulación contienen información sobre la ciencia; desde luego, la ciencia recibe aún mucho menor atención que las noticias sobre temas políticos o sociales, y no siempre es tratada con veracidad y calidad.

         Corresponde a los científicos impulsar los cambios necesarios por ello es necesario que la coherencia de su discurso crezca al paso del tiempo; sin embargo, debemos reconocer que su penetración social no aumenta a la par de las tendencias que se oponen a ella, y las fuerzas centrífugas y disipativas que actúan en su seno crecen cuando debieran disminuir. Es necesario revertir este proceso y quizá no dispongamos de mucho tiempo para hacerlo. Por ahora, tal parece que estamos perdiendo la batalla. Los científicos debemos articular un discurso que nos permita comunicarnos con nuestros colegas de las humanidades e integrarnos en una cultura común que penetre la sociedad Massey, W.E. Science Education in the United States: What the Scientific Community Can Do. Science 245:915-921, 1989.Martín Municio A. Ciencia y Cultura. Arbor 616:9-55, 1997..

         La construcción de un mundo basado en la razón, así como la generación de mayor bienestar para la sociedad han sido aspiraciones fundamentales de la ciencia desde sus orígenes; fueron claramente descritas por Francis Bacon en su Nueva AtlantisBacon, F. New Atlantis. Oxford University Press, Londres, 1969. y han sido explícitamente asumidas por gobernantes de muchos países. Sin embargo, el avance de este proceso no ha sido proporcional a la magnitud del propio desarrollo científico y tecnológico. Por una parte, el científico, demasiado ocupado en profundizar en su campo de especialidad, no ha desarrollado la necesaria capacidad para comunicarse con sus colegas de otras disciplinas, y menos aún con la sociedad en general y con algunos sectores, como son el gobierno y las empresas. El momento es particularmente delicado, ya que el avance de la ciencia ha llegado a un punto en el que si no logra generar en el entorno social el ambiente favorable para su ulterior expansión, ésta puede detenerse; no olvidemos que el fomento a la ciencia, sobre todo la básica, es una inversión a largo plazo, sea en los gobiernos o en las empresas, y siempre compite con necesidades urgentes que deben ser satisfechas. Una consecuencia de esta vulnerabilidad son las dañinas fluctuaciones del fomento a la ciencia en muchos países; en ocasiones, por razones ideológicas, como fue su virtual cancelación durante la revolución cultural en China, o la brutal contracción que está sufriendo en los países de la antigua Unión Soviética, donde el gasto en ciencia y tecnología ha descendido a una cuarta parte de lo que era a principios de la década, o el estancamiento en que ha caído en Latinoamérica, donde con fluctuaciones se mantiene en un promedio entre cuatro y siete veces menor que el de los países industrializados Allende J. (Ed). Financiamiento de la investigación en ciencias biológicas en América Latina. Red Latinoamericana de Ciencias Biológicas, 1993. por la actual mezcla de factores culturales y económicos y la falta de visión y decisión de los líderes de la región, o de su falta de introducción en países que hasta recientemente vivieron bajo el coloniaje.

         Sin embargo, a menos que se logre una mejor integración de la ciencia en el tejido social, lo más probable es que persista indefinidamente la subvaluación actual de sus potencialidades y a quien corresponde en primer lugar la responsabilidad de alertar sobre las oportunidades que la ciencia ofrece al desarrollo moderno de la sociedad es a las propias comunidades científicas; la inserción de la ciencia en la cultura y en todo el tejido social, es responsabilidad primordial de los propios científicos; el éxito o fracaso de los esfuerzos de las instituciones educativas para vincularse con los distintos sectores sociales de los que depende su desarrollo, está condicionado a la sinceridad y la intensidad con que los cuerpos académicos hagan suyo el compromiso de dar vida a estos contactos. Ello no significa, desde luego, que cada científico devenga en educador, divulgador y promotor ante gobierno y empresas, pero sí es deber de los organismos representativos de la comunidad científica y las instituciones educativas, el convertir estas actividades en capítulo fundamental de su agenda de trabajo, y los científicos deben participar activamente, en la medida de su competencia, en este proceso; en diversos países se están dando pasos importantes en esta dirección Nyerere, J.K. y varios. The Challenge to the South. The Report of the South Commission. Oxford University Press, Oxford, 1998.Fortes, M. y Malo, S. La tecnología de la información y la educación en México. Academia Mexicana de Ciencias, 1997.Martín del Campo, E. Technology and the World Economy: The Case of the American Hemisphere. En Muroyama, J.H. y Guyford Stever, H. Globalization of Technology. National Academy Press, Washington, DC, 1988. pp. 141-158Cereijido, M. En América Latina ya podemos investigar, el próximo paso es tratar de hacer ciencia. Interciencia 21: 64-70, 1996..

         La gradual especialización de la ciencia se erige en poderoso obstáculo para la comunicación entre los propios científicos y de éstos con el resto de la sociedad; sin embargo, también es cierto que están surgiendo áreas de confluencia en las que brota ya el discurso multidisciplinario, y aun el interdisciplinario, de índole integrativa; y aún los enfoques reduccionistas parecen ofrecer esperanzas, como la ya aludida opinión de Medawar sobre la gradual convergencia de las ciencias. Más recientemente Edward Wilson ha propuesto una vasta integración de las ciencias de la vida y las sociales y aun ha llegado a considerar la división descrita por Snow, como "un terreno vasto, inexplorado de fenómenos que esperan entrar desde ambos lados"Wilson, E.O. Consilience: The Unity of Knowledge. Knopf, 1998.Wilson, E.O. Consilience Among the Great Branches of Learning. Daedalus 127(1):131-149, 1998.. Existen pues, algunas bases para suponer que sí es posible tender los necesarios puentes entre las disciplinas científicas y éstas con las humanidades, hacia esa meta común. En las instituciones educativas es necesario crear los programas que fomenten la interacción multidisciplinaria en la solución de problemas complejos, como son la mayoría de los que presenta la sociedad moderna; la compleja interacción ante las ciencias y los espacios apropiados de la sociedad; de hecho, en muchas universidades se están implantando seminarios sobre estos temas.

         La universidad, como ya preconizaba a principios de siglo Ortega y Gasset, debe compatibilizar su misión productora de conocimiento con la de "intervenir en la actualidad", para reivindicar su papel de "promotor de la historia" Ortega y Gasset, J. Misión de la Universidad. 5ª Edición Editorial Revista de Occidente, Madrid, 1968.. En nuestro tiempo, ello implica resolver el dilema entre la ciencia básica y la aplicada, y entre ambas y el desarrollo tecnológico, como actividades propias de la universidad, cada una con distintos espacios y formas de evaluación y fomento. La enseñanza y la divulgación de la ciencia deben recibir su justo reconocimiento. La relación academia e industria debe ser estructurada de manera que ambas entidades se fortalezcan mutuamente, y esta simbiosis debe ser nutrida apropiadamente por el gobierno.
Además, como ya anticipara Snow, la interacción entre ciencias y humanidades en la construcción de la "Revolución Científica", debe ser un esfuerzo colectivo internacional. Desde luego, el problema es mucho más complejo que lo advertido por el propio Snow y no bastaría, como él supuso, con inyectar en los países pobres una combinación de capital externo, científicos externos y un programa educativo en el país recipiente. Es necesario diseñar estrategias específicas para inducir los cambios permanentes en cada sociedad, de acuerdo a su propia historia y aspiraciones, definidas por ella misma. Además, el interés en internacionalizar la promoción y el aprovechamiento de la ciencia para el desarrollo no es sólo una actitud de mecenazgo de los países ricos hacia los pobres. Es parte de la operación de la sociedad moderna. La actual globalización implica que las oportunidades y los problemas que surgen en una región del mundo afectan a las demás. Los recientes efectos de errores de política económica en algunos países sobre la economía de muchos otros son ejemplos fehacientes de esta interdependencia, los cuales ilustran la necesidad de fortalecer la capacidad de todos los países para resolver su parte de los problemas con potencial de propagación global, como pueden ser la generación de posibles epidemias o catástrofes ecológicas o económicas, o bien, con el intercambio científico y educativo actuales. El individuo que resolverá un problema en un país desarrollado puede ser el actual estudiante nacido en una pequeña comunidad de un país agrícola Aréchiga, H. Debt for Science. Issues in Science and Technology, VIII-3:7,1992.. Desde luego, la participación en este proceso internacional varía de una sociedad a otra. Para los científicos que actúan en sociedades cuya visión del mundo apenas empieza a levantarse del substrato mágico, y cuyo aparato productivo no se ha incorporado cabalmente a la revolución industrial, como es el caso de México, la tarea es mucho mayor, pero ello mismo lo hace más interesante, y de hecho, se están dando ya esfuerzos valiosos en esa dirección, que habrá que intensificar importantemente en el futuro inmediato Aréchiga, H. La Ciencia en México ante el Siglo XXI. Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México, LII:15-19, 1997..
 
 


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