Una experiencia interdisciplinaria
 

Esther Kravzov AppelCentro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM
"Pluridisciplinariedad e interdisciplinariedad:
dos términos bárbaros,
que a pesar de todo son de actualidad"
        El  mundo en el que vivimos es un lugar mucho más rico y abundante de lo que podemos percibir e incluso imaginar. La diversidad de formas, colores, texturas, aromas y sabores es sólo una pequeña muestra de la abundancia que nos rodea. Ante tal abundancia, nuestras mentes experimentan percepciones y emociones distintas frente a los fenómenos artísticos, sociales y de la naturaleza.

               La necesidad de comprender la inmensidad de la realidad, así como el problema de la unidad del ser y del saber, son cuestiones que han preocupado a la humanidad en todas las épocas y en todas las latitudes. En esta búsqueda, la civilización occidental optó por el camino de la ciencia como la manera de representar la realidad a través de la generación de idealizaciones que permitieran obtener predicciones confiables del comportamiento del mundo. Estas idealizaciones implican un proceso de simplificación, el cual ha resultado muy exitoso y ocupa un lugar de gran relevancia en el desarrollo del conocimiento en la civilización occidental. En otras palabras, éste es el camino que nuestra civilización encontró para crear orden a partir del caos.

       La ciencia sustentada en el proceso de simplificación posibilita comprender un determinado fenómeno a costa de seccionarlo, dividirlo y eliminar así grandes secciones de la realidad. Para ello, es necesario cubrir física o mentalmente todo lo que resulte incomprensible o no pueda explicarse por falta de instrumentos de medición o de una teoría que permita comprenderlo. Como dice Feyerabend, la ciencia es "... un método que a pesar de sus bondades ha permitido que los científicos narren la historia del universo como la historia de un universo congelado" (Feyerabend, 1999).

       Este paradigma ha dominado nuestra cultura a lo largo de varios centenares de años, durante los cuales se ha conformado la sociedad occidental e influido considerablemente al resto del mundo. Dicho paradigma consiste en una serie de ideas y valores, entre los que podemos citar la visión del universo como un sistema mecánico compuesto de piezas, la del cuerpo humano como una máquina, la de la vida en sociedad como una lucha competitiva por la existencia asociada al progreso material ilimitado y, por último, sin duda el más grave de todos, la convicción de que nosotras las mujeres debemos estar sometidas a otro ser humano, al hombre y a las instituciones del patriarcado.

       Todas estas presunciones están siendo seriamente cuestionadas, a tal punto, que en nuestros días estamos presenciando una transformación tan radical que si alguien me preguntara como socióloga cuál es la sensación que caracteriza nuestros tiempos, no vacilaría en responder que sin duda es la incertidumbre.

       Frente a esta incertidumbre y a pesar de la inmediatez del presente, el mundo académico vuelve la mirada hacia su propia historia, y mantiene como referente permanente los sueños de generaciones pasadas, sus intentos y sus fracasos, sus miedos y sus audacias. Muchos de estos sueños han sido retomados y transformados, otros simplemente fueron abandonados. Algunos se han hecho realidad gracias al desarrollo de la ciencia y de la tecnología, otros duermen el sueño de los inocentes y se encuentran en espera de un mejor momento.

       En los últimos años, se ha incrementado la aseveración de que el conocimiento es cada vez más interdisciplinario. Las razones que reclaman un conocimiento más interdisciplinario son quizá el peso de los problemas sociales y tecnológicos, así como los nuevos descubrimientos científicos, los cuales han puesto recientemente sobre la mesa una agenda académica de los años sesenta y setenta: la interdisciplina. Con la diferencia y esperanza de que en esta ocasión pueda ser desligada de las utopías de aquella época que prometían la unidad de la ciencia y el conocimiento de la totalidad.

       El problema de la interdisciplinariedad no radica en la falta de significados de la palabra, por el contrario, la palabra está cargada de significados, de significados contradictorios. El concepto es plural, ya que la idea de interacción entre las disciplinas tiene que ver con numerosas tareas y distintos niveles conceptuales. Estas diferencias aparecen como una disputa sobre la terminología, al llamar a un cruce disciplinario como multidisciplinario, un enfoque integrativo, o un paradigma transdisciplinario. Todas estas afirmaciones codificadas en una terminología reflejan diferentes nociones de lo que constituye una disciplina desde una perspectiva filosófica y sociopolítica, y finalmente reflejan posiciones respecto a si la interdisciplina es un asunto de investigación, educación o simplemente un problema administrativo. Estas diferencias, a mi parecer, no son exclusivamente académicas: las posibilidades y los límites de las interacciones están enraizados en la sociedad. Las diferentes teorías sobre la interdisciplina reflejan el conocimiento y la cultura de una sociedad. En los últimos años las metáforas de la descripción del conocimiento han pasado de una lógica estática de fundamentos y estructuras a una dinámica de redes, sistemas, campos y de metáforas que describen las relaciones entre los elementos como uniones, puntos de contacto, interconexiones y superposiciones. Tanto en la ciencia como en todas las esferas de la sociedad, nuestra época está marcada por el deseo y la necesidad de traspasar los límites y las fronteras.

       Al traspasar las fronteras se estimulan las zonas de interacción entre las comunidades, se recrean los lenguajes, se requiere crear nuevas estructuras institucionales y es necesario incorporar otro tipo de categorías. Frente a estos cambios, la relación entre el discurso sobre la interdisciplina y lo que sucede en las prácticas cotidianas debe ser actualizado. Quizá sería conveniente comenzar por revisar la relación entre la disciplina y la interdisciplina que en ocasiones se vive con una oposición, como una paradoja o como una dicotomía, mas al analizar los problemas que surgen del cruce de límites y fronteras pareciera que lo que surge son en la práctica tensiones productivas y dinámicas. Tanto en la teoría como en la historia de la ciencia, la interdisciplina ha sido definida de varias maneras: como proceso, como modo de pensamiento, como filosofía o como una ideología reflexiva. Se le ha asociado con intentos para vencer los peligros de la fragmentación, para resolver viejas conexiones, para explorar relaciones emergentes y para crear nuevos sujetos que permitan manejar de una manera más adecuada necesidades prácticas y conceptuales (Klein, 1990).  En la actualidad, el concepto de interdisciplina produce un gran atractivo, pero también genera una gran confusión. Como señalé anteriormente, existe, en primer lugar, una gran incertidumbre sobre el significado del término ya que la interdisciplina ha sido descrita como la nostalgia por la totalidad y como una nueva etapa en la evolución de la ciencia. En segundo lugar, la interdisciplina, como problema de investigación, es relativamente nueva para la mayoría de las disciplinas. En tercer lugar, la interdisciplina carece de un discurso unificado. Estos tres motivos —la incertidumbre sobre la definición, la falta de identidad profesional y la dispersión del discurso— son las realidades que dificultan cualquier intento por definir el concepto de interdisciplina, lo cual posibilita afirmar que "... comprender la unidad y la diversidad del discurso es comprender el concepto de interdisciplina" (Klein, 1990: 14). En un sentido genérico, la interdisciplina trata de reorganizar el conocimiento más allá de las líneas definidas por las disciplinas contemporáneas y sus especialidades, en un marco que permita estimular la integración del conocimiento con un extenso margen de libertad para la innovación individual y de grupo. Para ello, busca comprender diferentes perspectivas disciplinarias o "mapas cognitivos", y requiere de un alto nivel de competencia disciplinaria (esto significa que la interdisciplina depende de y está en deuda con las disciplinas) y requiere de personas con un alto nivel de conocimientos en su área de estudio. Para comprender las diferentes perspectivas disciplinarias desde un enfoque interdisciplinario se deben establecer y recrear formas comunicativas entre los diferentes discursos disciplinarios. Al mismo tiempo se necesita buscar formas de superar  las limitaciones metodológicas establecidas en cada una de las disciplinas para expandir las fronteras establecidas y estimular la libertad de investigación.

       Antes de relatarles la experiencia del Programa de Estudios Interdisciplinarios me gustaría ser congruente con mi propio discurso e intentar, dentro de lo posible, especificar la definición de interdisciplina que utilizaré en este trabajo, ya que como he mencionado son muchas las formas en que diversos autores han intentado definir la interdisciplina o describir lo que comprende. En la actualidad no existe una definición aceptada de interdisciplina, por lo que el significado de este término depende del contexto en que se encuentra. La definición que mejor se ajusta a mis propias ideas es la desarrollada por un equipo interdisciplinario de la Universidad de Calgary Canadá:

La interdisciplina es una interacción propositiva de conocimientos, destrezas, procesos y conceptos de diferentes campos del conocimiento con perspectivas distintas para ampliar la comprensión, la resolución de problemas y el desarrollo cognitivo.
(Vickers, 1992)
        La riqueza de esta definición radica en el reconocimiento del esfuerzo deliberado que orienta las investigaciones interdisciplinarias. Dicho esfuerzo estriba en una decisión de correlacionar y ligar los procesos de creación del conocimiento a partir del uso de teorías, metodologías y conceptos de las diversas disciplinas; todo ello con el objetivo de encontrar marcos generales que permitan explicar, a través de los avances científicos y humanísticos, una parcela mayor de la realidad. Al crear un discurso sustentado en la idea de un mundo más integrado, la interdisciplina ofrece, a través de la interrelación del conocimiento, nuevas posibilidades en la búsqueda de soluciones a los problemas que interesan y enfrentan nuestras sociedades.

       Antes de analizar los retos que enfrenta la investigación interdisciplinaria, es importante ubicar a la ciencia como un sistema de pensamiento adecuado a una cierta época histórica, y alejarnos de la idea de la veracidad que genera. La ciencia moderna como sistema de pensamiento adquirió su poder explicativo y factual dentro de un contexto histórico entrelazado con el desarrollo social y económico de la modernidad. Las ideas científicas debían ser congruentes con sus explicaciones y sus hechos, ya que las ideas, como plantea Karl Mannheim, "... no tienen éxito en la historia en virtud de su verdad, sino en virtud de sus relaciones con procesos sociales específicos...", (Mannheim, 1979), y las ideas de la ciencia no son una excepción.

       Una de las manifestaciones del fin del milenio en el ámbito académico en todo el mundo ha sido la necesidad de repensar las ideas y conceptos existentes a la luz de los vertiginosos avances de la ciencia y la tecnología de las últimas décadas. El Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM se insertó en esta tendencia y estableció, desde 1996, un programa de investigación sobre la Formación de Conceptos en Ciencias y Humanidades.

       El proyecto se planteó la necesidad de precisar los campos de investigación interdisciplinaria a partir del análisis de la reestructuración de conceptos en ciencias y humanidades. Este proceso, que corresponde con la emergencia, evolución y consolidación de nuevos conceptos o incluso nuevos paradigmas, cobró una especial importancia al generalizarse en las distintas especialidades disciplinarias e interdisciplinarias. La idea de estudiar dicho proceso correspondió al diseño de una investigación en concordancia con el modelo europeo, orientado en gran medida, al análisis de la conceptualización de las problemáticas. Mientras que en los Estados Unidos el énfasis está puesto en las evidencias empíricas y en solucionar técnicamente los problemas a través de modelos de simulación matemática.

       Esta experiencia, antecedente directo del actual Programa de Estudios Interdisciplinarios, trazó un camino interesante de intercambio de conocimientos y reflexiones entre especialistas de diversos campos. Para organizar el trabajo de esta primera etapa, se creó un grupo integrado inicialmente por cuatro investigadoras de distintas áreas del conocimiento (física e historia de la ciencia, psicología y neurofisiología, sociología y bibliotecología), que trabajaron bajo la coordinación del doctor Pablo González Casanova, a la sazón director fundador de este Centro.

       Este equipo, entre otras actividades, promovió la creación de grupos y redes de especialistas que en coloquios y seminarios reflexionaron  acerca de la historia de las disciplinas (ciencias de la vida, ciencias de la materia, ingenierías y tecnologías, por sólo mencionar algunas) y sobre las principales temáticas y conceptos de las mismas, tales como energía, cosmovisión, democracia y homeostásis, entre otros.

       Nosotras teníamos la obligación de asistir a todos los seminarios y en más de una ocasión nos preguntamos sobre la utilidad a corto, mediano y largo plazo de esta tarea. Esta experiencia, en retrospectiva, tal vez pueda, resultar un tanto cómica, pero en su momento me producía una gran ansiedad tener que asistir a una gran cantidad de conferencias sobre temas tan disímbolos, no todos de mi interés y en lenguajes muy lejanos y de difícil comprensión. Algunos seminarios resultaron muy apasionantes para algunas de nosotras, mientras que para otras resultaban prácticamente incomprensibles.

       El temor a preguntar lo que podría ser obvio para el experto, hizo posible que en el grupo establecieramos un diálogo  que nos permitió formular nuestras dudas sobre todo aquello que no nos atrevíamos a preguntar en público, ya que desgraciadamente el miedo a preguntar está muy arraigado en nuestra cultura. Este espacio se convirtió en un lugar privilegiado que nos permitió poco a poco construir los puentes que cada una requería para comprender los diferentes lenguajes, métodos, así como las distintas lógicas que permean el trabajo de investigación científica y humanística.

       Durante estos seminarios logré vencer mis miedos a las llamadas ciencias duras y a no bloquearme automáticamente ante las fórmulas. De la mano de los matemáticos he ido perdiéndole paulatinamente el temor a las fórmulas y en especial a la x, letra que más bien relacionaba con un tache y, por lo tanto, con reprobada. Asimismo, a través de metáforas, los especialistas en ciencias de la vida me transmitieron una gran pasión por los fenómenos biológicos y encontré cómo la historia había transformado a la biología, al incorporar conceptos tales como evolución y herencia por sólo mencionar algunos. Con los físicos descubrí las maravillas de la mecánica cuántica, de la teoría del caos y de la complejidad. Durante estos seminarios se logró establecer un valioso intercambio de opiniones e inquietudes respecto a los temas expuestos por expertos y por especialistas. En algunos casos, no sólo hubo que enfrentar la barrera del lenguaje críptico de las diferentes disciplinas científicas, sino también de las distintas formas de conceptualizar los fenómenos sociales y de la naturaleza.

       En más de una ocasión las reuniones dieron lugar a debates álgidos y a serios cuestionamientos y descalificaciones personales. También, algunas preguntas que sólo trataban de asirse de marcos de referencia significativos para entender determinada construcción lógica, eran interpretados como la voz crítica que intentaba descalificar una disciplina desde sus cimientos. La desavenencia y la exasperación ante "lo diferente", que tensa la disposición de pensar desde otra perspectiva, pudo ceder ante la intermediación de la autoridad académica y moral del coordinador del proyecto.  Sin embargo, esta etapa inicial se acompañó de un proceso de aculturación científica, que en la medida que avanzaba favorecía la disposición para escuchar, y aumentaba el interés ante la posibilidad de integrar al propio bagaje la nueva información. Este proceso ha sido fundamental para integrar el conocimiento, pues además de las disertaciones en el grupo de trabajo, de las investigaciones realizadas, de los seminarios y las conferencias, nos permitieron vencer nuestros miedos y resistencias. Por lo que entonces, no es casual que nuestros esfuerzos por precisar los campos de investigación interdisciplinaria contribuyeran a fortalecer la cultura científica de quienes participemos en este proyecto.

       A partir de los cambios que se suscitaron en el Centro durante este año, los investigadores adscritos al proyecto nos dimos a la tarea de reestructurarlo a partir de la experiencia de años previos, así como de nuestros asesores. Como resultado de esta labor emergió el Programa de Estudios Interdisciplinarios que inaugura sus actividades con este Primer Encuentro.  Estudios Interdisciplinarios tiene varios objetivos. En primer lugar, investigar las diversas problemáticas teórico metodológicas que surgen del análisis interdisciplinario en las distintas áreas del conocimiento científico, humanístico y artístico. En segundo lugar, el Programa se plantea trascender las divisiones disciplinarias a partir del análisis de diversos conceptos, problemas y fenómenos que representan un reto para el conocimiento del ser humano, la sociedad y el mundo. En especial se abordarán problemas complejos, tratando de encontrar, con el concurso de expertos en diversas áreas del conocimiento, enfoques novedosos para responder a las interrogantes e incertidumbres más acuciantes de nuestro tiempo. A la fecha se están constituyendo los grupos que analizarán distintos fenómenos y problemáticas como escalamiento, automatismo, frontera, VIH-SIDA, genoma, energía, mente, memoria y vivienda, por sólo mencionar algunos.

       A partir de esta experiencia quisiera resaltar lo que a mi parecer resulta más importante y significativo de la investigación interdisciplinaria: en primer lugar, resulta imprescindible una cierta disposición a perderse por un rato, a arriesgarse a estar sentada durante horas y no entender mucho de lo que se habla; en segundo lugar, escuchar al otro y vencer el miedo a preguntar "lo obvio" ya que es imprescindible comenzar a vencer las barreras disciplinarias; en tercer lugar, es necesario reconocer que la interdisciplina puede ser un espacio de conflicto al traspasar los límites disciplinarios, y quizá resulte valioso pensar en una figura que pueda mediar entre diferentes lógicas del conocimiento, conceptos y lenguajes en esta torre de Babel que hemos construido.La interdisciplina es esencial para la generación del trabajo intelectual y su continuo significado dentro y fuera del mundo académico. Representa la fuerza del cambio, el reto a la ortodoxia y el dinamismo en el desarrollo del conocimiento. Resulta por ello absurdo considerar a la interdisciplina como marginal. La interdisciplina es central para el desarrollo de la investigación científica, así como para iluminar los problemas de nuestro tiempo. Quizá alguien se  preguntará sobre la veracidad que genera el conocimiento interdisciplinario, bueno, permítanme para terminar compartir  la visión de una gran amiga:  la verdad somos todos. La verdad es la manifestación de la multiplicidad. Para que la verdad se manifieste necesitamos estar todos, si falta, aunque sea uno, la verdad es simplemente parcial, de tal manera que la verdad de cada uno es indispensable.
 


A INDICE

HOME DEL CEIICH

SIGUIENTE


Notas

A texto
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México.
Bibliografía